martes, 14 de julio de 2026

 

Tabula Rasa: el color blanco como experiencia galerística

Blanca González Rosas / 13 julio 2026

Galerías

                          


Tabula Rasa es una muestra que destaca por su diferencia. Estructurada a partir de un concepto curatorial que significa al color blanco como un territorio simbólico, una experiencia y un estado latente de creación, la exposición se impone como un ejercicio de creatividad artística en donde la galería, las obras y los espectadores se convierte en una unidad. 

          La idea de “reactivar” la reflexión sobre el color blanco proviene  de Julien Cuisset, fundador de Le Laboratoire, en la Ciudad de México. Una galería que se impone por su espacialidad de “cubo blanco” y que, en esta ocasión, se fusiona con las obras generando una experiencia inmersiva de poética silenciosa que, ajena al espectáculo, exige no sólo mirar sino disfrutar pensando cada obra.  

Conocedor de la historia cultural y artística del color blanco, Julien Cuisset, después de ubicar distintas interpretaciones que ha tenido en el arte moderno y contemporáneo -reducción extrema de la forma, evocación de espiritualidad, materialidad pictórica, experiencia pura de percepción, visualidad del silencio, falsa neutralidad-, centró su concepto en el blanco como   “Ese umbral -entre silencio y aparición- en donde deja de ser simplemente un color para convertirse en una experiencia: un campo de los posibles”.   

          Para detonar esos “posibles”, invitó a 19 artistas a “reactivar” el color blanco, los 16 de su establo más tres externos que ya tenían obra relacionada con el tema. Integrada por lenguajes postconceptuales, pictóricos, tridimensionales y fotográficos, la selección corrió a cargo de los participantes.

          Sumamente interesante por los valores que develan las propuestas, en el conjunto destaca la escasez de obras que exploren la complejidad matérica y simbólica del blanco.  Con muy pocos monocromáticos y un gran número de piezas que enfatizan el color blanco interviniéndolo con elementos en color negro, la propuesta estética se concentra en mensajes directos que se enfatizan con poéticas de base lingüística.  Alejado de su autonomía inclusive en las propuestas pictóricas, el color blanco convive con otros fusionándose -Alois Kronschlaeger-, cubriéndolos -Mario Núñez-,  alternando -Roberto Turnbull-.  La certeza y no el misterio del símbolo, es el tono de la exposición.

 

                                              Mario Núñez, A través, óleo sobre tela, 110x150 cm, 2026  (Foto BGR)

          Integrada con obras realizadas a partir de 2001 con énfasis en creaciones producidas entre 2024 y 2026, la muestra sorprende por la pertinencia y calidad de cada una de las piezas. Sobresaliente por la integración que logra entre la identidad monocromática del color y su expansión en el espacio galerístico, la intervención en sitio específico  La luz resplandece en las tinieblas  de Georgina Bringas es mínima, sofisticada y contundente. Trabajada a partir de líneas verticales de hilo de algodón que, emplazadas en secuencia paralela enfrente de un ventanal, se tensan del techo al piso filtrando y expandiendo la luz del sol, la pieza fusiona la identidad matérica y sensorial del color blanco. Representado como color, textura, volumen y resplandor, el blanco tanto el espacio como el transcurrir del tiempo. 

 

Georgina Bringas, La luz resplandeciente en las tinieblas, Site specific con hilo algodón, medidas variables (Foto tomada de la web de la artista)  

          Otra pieza que sorprende por la fusión que logra entre la restricción formal y la sensación espacial es el ensamblado escultórico Tensión entre línea, circulo y esfera de Luis Felipe Ortega. Compuesto por un círculo lineal en color negro que contiene una pequeña esfera de color blanco, la pieza, al estar colocada frente a una pared que se mimetiza con la esfera, diluye el volumen convirtiendo el color en una sensación extrañamente aérea y objetual.

 

            Luis Felipe Ortega. Tensión entre línea, cículo y esfera. Madera y acrílico, 26x30x20 cm, 2025 (foto BGR) 

         Irreverente y repleta de humor como toda su obra, las propuestas de Alejandro Magallanes presentan el blanco como textura, soporte lingüístico y registro de un proceso de creación a partir de la destrucción.  De poética neodadaísta y composición suprematista, Guillermo Santamarina coloca pequeños y ordinarios objetos blancos de distintas texturas -paletitas para helado, gises, cereal- sobre circunferencias de color negro y brillante logrando, por el encuentro del absurdo, provocar una circunstancia artística. 

 

Guillermo Santamarina, De la serie Flexionada por la observación de la luz y obscuridad (parcialmente consecuente a E. Kelly) y por precariedad y estabilidad, I-IV, laca sobre madera son objetos diversos, 30 cm de circunferencia, 2026

 

                    Alejandro Magallanes, La mole (fragmento), acrílico sobre tela, 100x100 cm, 2022-2026 (Foto BGR)

          Y por ultimo, una pieza espléndida que recupera significados culturales y simbólicos del color blanco en México: el Cuauhtémoc Blanco de César Martínez. Concebido a partir de una reflexión que integra el pensamiento neocolonial con la crítica a las jerarquías artísticas impuestas por el conocimiento académico, su Cuauhtémoc es una pieza que cubre con falsa ingenuidad la acidez de su crítica. Realizada a partir de una reproducción -en latón y muy pequeño formato-, de la imponente escultura en bronce que realizó el escultor académico Miguel Noreña para rematar el emblemático monumento a Cuauhtémoc que se encuentra en la Avenida Paseo de la Reforma en la Ciudad de México (aproximadamente entre 1878 y 1883, el monumento se inauguró en 1887),  la pieza de César Martínez utiliza el color blanco como recurso para cuestionar escenarios sociales, imposiciones políticas y valores culturales.   

 

Cuauhtémoc Blanco, latón pintado con esmalte automotriz y balón de hule, 35x19x11 cm, 2014. (Foto cortesía de César Martínez)

          Trabajada en una poética que fusiona estéticas posmodernas y neo-pop, la pieza se acompaña con un pequeño balón de futbol que, en compañía del título de la pieza, manifiesta la identidad lingüística y objetual que caracteriza toda su obra.  Pintada con un color blanco que transmuta en sobriedad el brillo del latón y en ingenuidad lo defectuoso de su resolución, la escultura plantea tres significados. Descalifica la relación entre la imposición académica, el poder político y el uso del espacio público. Vulgariza el monumento vinculándolo con el nombre del futbolista y actualmente  muy desprestigiado político mexicano.  Y aunque no es tan directo, sugiere el vínculo entre el poder y la acción de blanquear dinero. Este último, un significado del color blanco que utiliza también Pierre Valls en su collage Dólares blanqueados.

En este presente saturado de imágenes, la reducción del blanco funciona como un gesto crítico, escribe en un texto Julien Cuisset.  Por su concepto, emplazamiento y contenido, Tabula Rasa lo confirma.


                                       Julien Cuisset, en Le Laboratoire, todo en color blanco.(Foto BGR)

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