domingo, 21 de diciembre de 2025

 

Ver para mirar, y no para admirar

Blanca González Rosas / 21 de diciembre 2025

¿Ya vieron la muestra de pintura abstracta en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM)? Aunque su curaduría no responde al profesionalismo de una exposición museística, el encuentro con las obras, la identificación del acervo de museos del Instituto Nacional de Bella Artes y Literatura (INBAL), y el re-conocimiento del inicio y primer desarrollo de la pintura abstracta en México,  justifican una visita al recinto.

                                     

 Vista general con obras de Wolfgang Paalen, Helen Escobedo, Kasuya Sakai, Antonio Ramírez, Marta Palu, Beatriz Zamora, Myra Landau.                            

 Al margen de las imprecisiones curatoriales que abarcan fechas y generalización de planteamientos sin presentar una “revisión”  como señala  la cédula introductoria,  La aparición de lo invisible. Arte no figurativo en México, 1948-1978, es una oportunidad para recordar y disfrutar la excelencia pictórica que existe en nuestro país.     

          Integrada con piezas realizadas entre 1943 y 1979 por aproximadamente 30 creadores, la exhibición detona el interés por ubicar y comprender, desde una perspectiva contemporánea, las aportaciones artísticas y estéticas de las firmas representadas. Establecer la relación que tuvo cada artista con la abstracción europea, identificar coincidencias generacionales, y analizar el desarrollo de los lenguajes mexicanos asumiendo la aceptación privada -no institucional- que tuvieron las estéticas abstractas desde los años cincuenta, permitiría apreciar las obras no sólo por su impacto visual sino, también, por su significado artístico y social.

Organizada a partir de tres conceptos que se plantean como “inherentes” a la obra de todos los participantes, el diseño curatorial los clasifica en tres ejes: “la búsqueda de una raíz abstracta en el pasado prehispánico, el desdibujamientos de las fronteras geográficas y temporales en el arte no figurativo, y la relación de los artistas con el presente en crisis”. Emplazada museográficamente “sin una linealidad determinada”, la exhibición amalgama a todos los participantes sin distinguir generaciones, poéticas y fechas de realización de las obras. Y en lo que concierne al período planteado, los textos de sala no informan sobre los criterios que sustentan el lapso de 1948 a 1978.

Innovadores en la década de los años cincuenta, legitimados y con demanda comercial en los sesentas e institucionalizados en los setenta, los lenguajes de abstracción pictórica fueron diversos y en constante transformación. En la exposición, los años cincuenta están representados con obras de Gunther Gerzso -paisajes aéreos con saturación de elementos geométricos-, Alice Rahon -paisajes flotantes de atmósferas fantásticas-, Mathias Goeritz -signos y referencias primitivistas-, Wolfgang Paalen -con un paisaje que remite al informalista alemán Ernst Wilhelm Nay y al francés Jean Bazaine-, y Juan Soriano quien sobresale con una composición que alterna la sutileza del color con el dinamismo de las formas.  

                                             
                     Mathias Goeritz, El cuadro de los cuadros, 1952-1954, óleo sobre tela.  




                           Wolfgang Paalen, Migración de Yucatán, 1959, óleo sobre tela.  
                       

El conjunto realizado en los años sesenta es el más numeroso. Producidas por artistas que entonces eran de trayectoria joven -con excepción de Rufino Tamayo-, las obras sintetizan la diversidad que tuvieron las expresiones abstractas en esa década: la figuración desenfocada y diluida en el color de Rufino Tamayo, las texturas esgrafiadas de Antonio Peláez, las composiciones en tonos vigorosos que alternan formas orgánicas con referencias semigeométricas de Gabriel Ramírez y Aceves Navarro, el protagonismo lineal de Kasuya Sakai, las exploraciones de Enrique Echeverría que delatan cierto dialogo con Nicolas de Staël, las poéticas en planos de referencia constructiva de Fernando García Ponce, la estética tecno-surrealista de Brian Nissen, las atmósferas en movimiento de Antonio Ramírez, y los planos monocromáticos delimitados y en distintas texturas de Antonio Rodríguez Luna son algunos de los lenguajes.


                       Gabriel Ramírez, Visión cotidiana de una araña, 1966, óleo sobre tela.  



                                 Antonio Peláez, La cápsula errante, 1966, óleo sobre tela.  
                                               

Sobresalientes por su pro puesta y no por su género, destacan Lilia Carrillo con la sutileza etérea de sus atmósferas cromáticas, Cordelia Urueta con las oscuridades luminosas de tonos brillantes, Helen Escobedo con una escultura que conjuga volúmenes geométricos con intervenciones orgánicas, Águeda Lozano con una pieza elegante y sobria que corta el monocromatismo de los blancos con un un punzante tono terroso y, por último, dos artistas que sorprenden por la relación entre la calidad de sus pinturas y el cambio rotundo de su devenir creativo: Marta Palau con una interesante composición que alterna textura y geometría en planos de gran presencia monocromática, y Beatriz Zamora con una espléndida pieza  que fusiona la energía de las formas orgánicas con la vitalidad de tonos en azul, rojo, blanco y negro.



                                          Lilia Carrillo, Introspección, 1966, óleo sobre tela.  


                                  



                                               Beatriz Zamora, Figura 2, 1969, óleo sobre tela.  


                                       Marta Palau, Salón Independiente 1969, óleo sobre tela.   

Y si bien de Beatriz Zamora no se exhiben en el museo piezas de sus tradicionales monocromáticos en negro, de Marta Palau, en la muestra emplazada en primer piso bajo el título “La Colección”,  se encuentra  una de sus atractivas instalaciones escultóricas realizadas con hojas de maíz.  

El predominio del contexto en la percepción del arte ha derivado en la devaluación artística y comercial de autores mexicanos que no están representados en galerías feriales. Re-conocer y re-valorar las firmas de primer nivel, es un compromiso que empieza mirando las obras. En las ferias no se miran, sólo se admiran.  



                                                  Antonio Ramírez, Pléyades, 1973, óleo sobre tela.  




   Antonio Rodríguez Luna, Antojo, 1973, óleo sobre tela.  

 


Vista de exposición con obras de Rufino Tamayo, Rodolfo Nieto, Arnaldo Coen, Fernando García Ponce, Kasuya Sakai, Helen Escobedo.  

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

El arte hoy: inversión y contexto

 



El arte hoy: inversión y contexto

Blanca González Rosas / 13 de diciembre 2025

Definido por el mercado e inmerso en una excesiva sobreproducción, el arte, en la actualidad, se caracteriza por una indefinición teórica y creativa que ha derivado en la sustitución del pensamiento por el contexto. Un contexto expandido que abarca lujo, inversión, negocio, coleccionismo y distinción social. Un contexto protagónico que  utiliza la identidad simbólica del arte para generar espejismos que fortalecen su mercantilización.


              Mike Winkelmann (Beeple), Regular Animals, 2025, instalación robótica. Rostros creados por Landon Meier 

https://www.dw.com/es/perros-rob%C3%B3ticos-con-rostros-de-musk-y-bezos-causan-revuelo-en-art-basel/a-75078109

        Dos eventos efectuados en los últimos meses de 2025 confirman la importancia de reflexionar sobre la identidad actual del arte: las subastas de Sotheby’s realizadas en Nueva York a finales de noviembre, y la semana de arte en Miami que se desarrolló la primera semana de diciembre.

          En lo que se refiere a las subastas, la adquisición de pinturas por miles y cientos de millones de dólares sorprende más por la ausencia de cuestionamientos que por las cantidades.  ¿Qué elementos o características puede tener una pintura para alcanzar esas cotizaciones?   El 18 de noviembre, el retrato de Elisabeth Lederer realizado por el pintor austriaco Gustav Klimt entre 1914 y 1916, se vendió en 236 millones, 360 mil dólares. El 20 de noviembre, la pintura “El sueño” (La cama) que pintó la mexicana Frida Kahlo  en 1940 alcanzó una cotización de 54 millones, 660 mil dólares. Ambas ventas fueron mencionadas con admiración en numerosos medios de comunicación impresos y digitales. Las información se centró en el precio alcanzado y en algunos casos, en la historia de las piezas.  La reflexión o el análisis sobre el significado social y económico de las subastas, no fue un tema a tratar.

          El deslumbramiento que ocasiona el exceso de millones de dólares, ha inhibido la reflexión sobre la ética de las cotizaciones que alcanza el arte en la actualidad, ya sea en las subastas o en las ferias de arte más potentes. Inclusive, se soslaya que algunas de las ventas millonarias no son un éxito. Como “El sueño” de Frida Kahlo que no alcanzó el rango más alto de 60 millones de dólares establecido por la subastadora. Además, en la puja final, sólo dos personas estuvieron interesadas aun cuando era una excelente oportunidad para adquirir una obra que, al haber salido de México antes de la declaratoria de toda la obra de Frida Kahlo como monumento artístico,  no tiene las limitaciones que señala el decreto publicado el 18 de julio de 1984 en el Diario Oficial.  

          Otro aspecto interesante de la fama y cotización de las obras de Frida Kahlo, es que no han repercutido en la construcción de valor del arte moderno mexicano y, tampoco, han incrementado su demando y cotización.  

          En el rubro del arte contemporáneo, la indefinición de la identidad artística se devela en las coyunturas feriales. Organizadas a partir de una feria-madre de relevancia económica y mediática, las semanas de arte congregan eventos satélite que transparentan las jerarquías que existen en el ecosistema artístico. Y aunque el valor artístico de los productos que ofertan se “percibe” diferente, existen obras que podrían estar en varias ferias, tanto en las de más prestigio como en las marginales. Por lo mismo, en las coyunturas feriales se evidencia el protagonismo que tiene el contexto en la construcción de valor simbólico y económico. La sensación de lujo, exclusividad y riqueza se introyecta en la dimensión estética personal sustituyendo el arte por su contexto. 

          Para la definición del contexto, la comunicación mercadológica es esencial. Sumamente eficiente y profesional, Art Basel destaca en la elaboración de sus boletines de prensa. Desde el primer día, informan sobre el éxito de las ventas señalando galerías, obras y precios. Diseñada como un producto de lujo artístico y alta inversión en arte, Art Basel, en su reciente edición realizada del 3 al 7 de diciembre en Miami, demostró su potencial para construir arte. Atentos a la innovación, inauguraron una sección denominada “Zero 10” que tiene la misión de explorar la intersección entre el arte, la tecnología y la cultura contemporánea. Y si bien la pieza principal que presentaron es de una aguda inteligencia, también confronta la identidad actual del arte.

          Producida por el diseñador gráfico estadounidense Mike Winkelmann, (Beeple) –creador del collage digital “Everydays: The First 5000 Days” que fue subastado en 2021 por la casa Christie’s como NFT, por 69 millones, 346 mil dólares-, la pieza que presentó en Miami es una instalación que, bajo el título de “Regular Animals” (Animales comunes) , está conformada por seis robots con cuerpo de perro que caminan aleatoriamente dentro de un corral.  Cada uno tiene un rostro hiperrealista realizado por el artista en máscaras Landon Meier, que reproduce las facciones de Pablo Picasso, Andy Warhol, Jeff Bezos, Elon Musk, Mark Zuckergerg y el mismo Beeple. Personajes que, según Beeple, han determinado la manera de mirar el mundo. Para enfatizar esta idea, los robots toman fotos del entorno, las reinterpretan en un lenguaje visual creado con inteligencia artificial para cada personaje, y defecan las impresiones tirándolas al suelo. Además de creativos, todos los personajes han sido sumamente exitosos en el ámbito económico. 

          ¿Qué criterios convierten esta pieza en una obra de arte? Formalmente, los robots no ofrecen alguna propuesta interesante y el mensaje es demasiado simple ya que los rostros tienen una factura muy precisa. Y si bien lo atractivo está en la manera directa y escatológica con la que se evidencia el poder que han tenido estos personajes para imponer percepciones del mundo, la pieza no critica ni descalifica, únicamente sugiere. ¿En realidad Picasso y Warhol determinaron una manera de ver el mundo tan global que pueden compararse con los gigantes tecnológicos? Y Beeple, ¿ha llegado a una cima creativa del nivel de los personajes seleccionados?  

          Divertida y llamativa, “Regular Animals” podría formar parte de una feria o museo de tecnología.  Si estuviera en uno de estos recintos, ¿sería percibida como arte?         

Gustav Klimt, Retrato de Elisabeth Lederer, 1914-1916, óleo sobre lienzo, 180,4 x 130,5 cm

https://es.wikipedia.org/wiki/Retrato_de_Elisabeth_Lederer

 

Frida Kahlo, El sueño (La cama), 1940, óleo sobre tela, 74 x 98.5 cm

https://wikioo.org/es/paintings.php?refarticle=9GEVLM